Jeringa para anestesia local Finochietto
A mediados del siglo XIX, la administración de medicamentos comenzó a experimentar cambios significativos. El desarrollo casi simultáneo de las jeringas hipodérmicas creadas por el médico escocés Alexander Wood y el cirujano francés Charles Gabriel Pravaz, hacia 1853 abrió el camino a nuevas formas de tratamiento. Su aparición resultó fundamental para el posterior desarrollo de la anestesia local y, décadas más tarde, de las técnicas de anestesia intravenosa que transformarían la práctica quirúrgica moderna.
Las primeras jeringas hipodérmicas se fabricaban principalmente en metal. Estos instrumentos eran robustos, reutilizables y compatibles con las técnicas de fabricación disponibles en la época. Sin embargo, presentan una limitación importante: el contenido no era visible, lo que dificultaba controlar la cantidad exacta de medicamento administrada. Con el tiempo, las jeringas de vidrio comenzaron a imponerse gracias a la posibilidad de observar el volumen y detectar la presencia de burbujas de aire.
La pieza conservada en nuestro museo corresponde a una jeringa metálica de 10 cm³ fabricada en Argentina durante la década de 1930. Su diseño se atribuye al cirujano Enrique Finochietto (1881-1948), una de las figuras más destacadas de la medicina argentina. Este tipo de jeringas fueron utilizadas especialmente para la administración de anestésicos locales y regionales, en una época en la que las infiltraciones anestésicas comenzaban a expandirse en la práctica quirúrgica. La importancia internacional de sus desarrollos quedó reflejada en que la prestigiosa firma francesa Collin comercializó este mismo modelo bajo la denominación «Jeringa totalmente metálica del Profesor E. Finochietto», una distinción reservada a instrumentos asociados a profesionales de gran reconocimiento.
Finochietto fue mucho más que un cirujano, su brillante trayectoria comenzó de manera temprana. Ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires con apenas 16 años y se graduó a los 23. Poco después inició su labor como médico interno ad honorem en el Hospital Rawson, institución con la que quedaría ligado durante gran parte de su vida. Entre 1906 y 1909 recorrió hospitales de Alemania, Suiza, Italia y Francia para perfeccionar su formación, y durante la Primera Guerra Mundial fue convocado para dirigir el servicio de cirugía del Hospital Argentino Auxiliar de París. Su desempeño le valió algunas de las más altas distinciones otorgadas por el gobierno francés, entre ellas la Legión de Honor. A pesar del prestigio y reconocimiento alcanzados en Europa, decidió regresar a la Argentina, donde desarrolló la escuela quirúrgica que llevaría su nombre y que marcaría a generaciones de médicos.
A lo largo de su carrera desarrolló cerca de setenta instrumentos y dispositivos destinados a mejorar la práctica quirúrgica. Entre sus creaciones se encuentran el célebre separador intercostal a cremallera que aún hoy se utiliza en cirugía torácica, el frontolux para iluminación operatoria, aspiradores quirúrgicos, cánulas, mesas de operaciones y numerosos instrumentos para hemostasia y cirugía especializada. Su capacidad inventiva era tan notable que estudió dibujo técnico para representar personalmente cada uno de sus diseños y comunicarlos con precisión a los fabricantes.
Pero quizás su aporte más importante fue concebir el quirófano como un sistema integrado. Además de crear instrumental, impulsó innovaciones en la organización quirúrgica, la circulación de pacientes, los métodos de esterilización y la enseñanza médica.
La jeringa que lleva su nombre constituye un ejemplo de esa visión práctica y funcional que caracterizó toda su obra y testimonia un momento particular en la evolución de la medicina, cuando la precisión mecánica y la reutilización eran cualidades esenciales del instrumental quirúrgico. Esta pieza acompañó el desarrollo de técnicas que ampliaron las posibilidades de la cirugía durante la primera mitad del siglo XX. Al mismo tiempo, refleja el espíritu innovador de Enrique Finochietto, un médico que entendía que cada instrumento podía convertirse en una oportunidad para mejorar la práctica quirúrgica. Su nombre asociado a esta jeringa constituye un reconocimiento a una trayectoria que trascendió las fronteras argentinas y dejó una huella perdurable en la historia de la cirugía mundial.