Máquina de anestesia Roth-Dräger Kombi

Máquina de anestesia Roth-Dräger Kombi

A comienzos del siglo XX, la anestesiología atravesaba un período de profundas transformaciones. Los anestésicos inhalatorios como el éter y el cloroformo ya se utilizaban en numerosos hospitales, pero su administración seguía dependiendo en gran medida de la experiencia del médico. Al mismo tiempo, el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas planteaba desafíos cada vez mayores para el control de la respiración y el mantenimiento de las funciones vitales durante las operaciones.

En este contexto, la empresa alemana Dräger presentó en 1912 el aparato de anestesia Roth-Dräger Kombi, resultado de la colaboración entre los ingenieros Heinrich y Bernhard Dräger y el cirujano Otto Roth. Considerada una de las máquinas de anestesia más avanzadas de su tiempo, integraba en un único equipo funciones que hasta entonces requerían múltiples dispositivos o no podían realizarse de manera controlada.

La Roth-Dräger Kombi permitía administrar éter o cloroformo mezclados con oxígeno mediante un sistema regulable que controlaba con precisión la cantidad de anestésico suministrado al paciente. Además, incorporaba ventilación con presión positiva y la posibilidad de realizar respiración artificial, generando de forma mecánica los ciclos respiratorios cuando el paciente no podía respirar por sus propios medios. Estas características representaron un avance decisivo para la seguridad anestésica y ampliaron las posibilidades de la cirugía moderna.

La denominación Kombi derivaba de la idea de «anestesia combinada», reflejando la integración de múltiples funciones en una sola máquina. Se trató del cuarto modelo de una serie iniciada por Dräger en 1902 y permaneció en uso durante más de tres décadas, consolidando el prestigio internacional de la compañía en el campo de la anestesiología.

Su importancia histórica radica en que permitió mantener la ventilación pulmonar incluso durante procedimientos en los que el tórax permanecía abierto. Gracias a ello, cirugías que anteriormente resultaban extremadamente riesgosas o directamente imposibles comenzaron a ser viables.

El ejemplar conservado en nuestro museo proviene del Hospital de Diadema Argentina, inaugurado en 1934 en el poblado petrolero homónimo. Fundada por la empresa Shell y habitada por trabajadores provenientes de distintos países europeos, esta comunidad incorporó tempranamente equipamiento médico de alta complejidad. La presencia de esta máquina testimonia no solo la evolución tecnológica de la anestesiología, sino también la temprana llegada a la Patagonia de innovaciones que se encontraban entre las más avanzadas del mundo.